“Las marcas de la gente” by @celestineia

Mi personalidad me empuja a ser fan de todo lo que hay dando vueltas en el universo, incluso de las cosas que no me gustan. Internet me dio y me da la chance de descubrir un montón de cosas nuevas y alimentar ese fanatismo que tengo por todo.

Acá podría preguntar, “pero… ¿qué es ser fan?” y empezar a definirlo, pero no lo voy a hacer porque cada fanático es distinto, cada fan vive su fanatismo de diferente forma, así que quiero que cada uno forme en su cabeza su propia definición y lo imagine como quiera.

Gracias a Facebook hace un par de años la imagen del fan se bastardeó un poco, o capaz la bastardearon las marcas que se desesperaban porque una persona haga click en el botón de “Hazte fan”.  El botón cambió y dice “me gusta”, pero para ellas es lo mismo, el usuario seguidor o fanático de la marca, es un número más en esa cifra que intentan hacer crecer mes a mes.

Como fanática de ser fanática, creo que puedo afirmar que un click en “me gusta” o una cifra de 7 dígitos no vale nada.

¿Por qué? Porque hacer click en me gusta, hoy, es un reflejo facebookeano, el que diga que no, miente. ¿Cuántas veces estuviste mirando las fotos de las vacaciones de ese amigo que no es tu amigo porque no lo ves hace 50 y viste que le gustaba x cosa y así como así, sin pensarlo hiciste click en la sensual y tentadora frase “me gusta”? Si nunca lo hiciste, estás mintiendo.

Entonces si el click en “me gusta” no vale nada, ¿qué es lo que vale?

Hay un fenómeno que me parece increíble, la gente ve una gran diferencia entre internet y el mundo real, no entiendo por qué porque en realidad ambos universos son más parecidos de lo que pensamos.

¿Nunca escucharon hablar a su mamá del almacenero o peluquero del barrio? Que atiende bien, que la conoce,  que sabe lo que quiere, que se le dijo a la vecina que tenía que ir porque tenía el mejor precio y la mejor atención.

Si nunca lo escucharon, DEBEN viajar en el tiempo y transportar esa experiencia a internet, porque ESO es lo que vale. No interesa quien lo haga, community manager, social media manager. Ponele el nombre que quieras. En internet somos millones y cada uno quiere sentirse especial, querido, quiere su lugar, quiere atención, quiere esos 15 minutos de fama, quiere sentir esa emoción que siente el fan cuando su ídolo le firma la camiseta.

Las marcas tienen que bajarse del papel de estrella, tienen que ser como el peluquero del barrio, humildes, atentos. Años atrás este sabía que si no prestaba un servicio como la gente, nadie lo recomendaba y dentro de 4 meses tenía que cerrar.

En internet pasa lo mismo pero expuesto a la décima potencia, no cerrás la Fan Page, pero tenés una lluvia de quejas en el muro, mentions agresivas que ponen nerviosos a los community managers al punto de que empiezan a responder DMs como mentions y de un día para el otro, todo el mundo recuerda tu marca como “una mierda”.

Pero eso a las marcas no les importa, porque total después la agencia les piensa un concurso pedorro con algún premio copado y ganan fans a rolete. Fans mediocres que tienen el reflejo facebookeano.

Si ya sé que el objetivo de la publicidad es vender. El verdulero del barrio tenía el mismo objetivo. Lo que pasa es que para este era más fácil porque el volumen de gente que manejaba era mucho menor, en internet hay que manejar mucha gente, no es fácil, pero tampoco imposibe. Los community managers que tanto critican, nacieron para manejar toda esa gente, nacieron para hacer que la clientela se emocione cuando se tenga que emocionar y para echarles un baldazo de agua fría cuando están todos prendidos fuego.

En mi mundo ideal, las marcas patean el papel de estrellas de Hollywood y empiezan a actual como verdulerías de barrio. Empiezan a dejar su orgullo de lado y le entregan su escencia a la gente, para que juguen con ella y se conviertan en la mamá que le recomienda a la vecina comprar el kilo de papas ahí porque la atienden bien, porque saben lo que quiere, porque la cuidan, porque la escuchan, porque la hacen sentir que le dan las papas más lindas que existen, porque le cuentan chistes o las últimas novedades sobre las verduras más ricas de la temporada, etc.

Lo que pasa es que para llegar al mi mundo ideal hay que cambiar un montón de cosas, no alcanza con tener al mejor Social Media Manager de la historia, ni al mejor Brand Manager del universo, hay que cambiar por completo la cabeza de toda una marca que capaz hace siglos que piensa igual. Y los cambios dan miedo.

Pero las grandes aliadas de las marcas son las agencias, esas que tienen gente que convence a muerte al jefe de producto de que ese concurso en twitter o ese spot de TV es el mejor para promocional el nuevo producto. Las marcas confían, en algún punto, en las agencias.

Entonces llenemos las agencias de gente que quiera que las marcas se vuelvan más verdulerías de barrio, más humanas y menos corporativas, en donde el fan es visto como la mamá que le recomienda un producto a todas sus vecinas y menos como el usuario que sufre del reflejo facebookeano.

   Agradecemos que @celestineia haya aceptado el desafío de escribir y  HACER POGO!

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