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La belleza del contraste

El otro día escuchaba una nota a Hugh Hefner en la cual hablaba de su aporte a la cultura norteamericana y mientras hablaba pasaban una especie de spot en la cual el aparecía por las calles de NYC manejando un Mercedes Benz Alas de gaviota y se lo escuchaba decir algo así:

“Soy Hugh Hefner, soy redactor en jefe de PlayBoy, vivo rodeado de playmates, tengo una fortuna considerable y marco tendencias en varios aspectos, hago lo que quiero desde que me levanto hasta que me acuesto, me preguntan si cambiaría mi vida por la de alguien más y sinceramente no, no quiero la vida de nadie, esta vida mía es maravillosa” (palabras más, palabras menos).

El tipo fue (es) realmente un capo, Playboy fue una bisagra cultural mundial, su revista llegó a tener una tirada de 7 millones de ejemplares.

Paralelamente, contaba Hugh, un amigo personal  le comentó cuando tenían 35 años y estaban en la cima de popularidad, en medio de una de esas fiestas increíbles que daban en la mansión Playboy:

“Hugh, me gustaría tener 10 años menos para poder disfrutar a pleno de esto que estás creando”, en clara alusión a la militancia sobre el cambio de valores sobre la revolución sexual de aquellos años. Hefner le respondió: “Mi querido amigo, no entendiste nada, nosotros podemos disfrutar mucho más que todos estos chicos justamente por que venimos de otro lado, yo pude gestar todo esto porque fui criado en una sociedad carente de todas estas ideas, mis padres eran tremendamente conservadores, crecí rodeado de tabúes”…

A mí me pasa algo similar, digo, no vivo enfundado en una bata roja, ni rodeado de playmates, ni soy editor en jefe de ningún lado ni marco tendencias culturales de ningún tipo, ni mucho menos soy el creador de un estilo de vida.

No obstante, disfruto junto a casi toda mi generación de tanta digitalidad y/o interactividad por que primero amamos lo análogo.

Crecimos y atesoramos experiencias sumamente análogas hasta el punto de quiebre en que toda esa emoción empezó a viajar en otro soporte.

Vivimos, nos criamos, en la emoción única de lo análogo. El cine, los vinilos, los radiograbadores, las revistas, los libros, y en muchos casos con el ingrediente “argento” de que mucho de ese material no estaba disponible. No es un dato menor que somos parte de una generación que no tenía un fácil acceso a la información.

Parte de esta generación (y me suenan en la cabeza los Who), intentamos llevar toda esa emoción a esto que nos ocupa y nos subyuga que es internet, pero tratando de entenderla. Otros tratan de llevarla sin hacerlo y otros directamente ni se toman el trabajito.

Mi generación está segmentada en tipos que miran para adelante y toman riesgos y tipos que no.

Nos pasa en la música, en la moda, en el diseño y obviamente en la Publicidad.

Los nativos digitales nacieron en un mundo ya revolucionado y lo disfrutan con todos los valores (los buenos y los malos) ya dados, y claro con conexión full , HD y smartphones.

Nosotros no teníamos nada y vimos llegar todo, cambiamos nuestros usos y costumbres y por eso en el fondo casi todos los días sorprendemos a nuestro niño interior leyendo blogs, viendo casos, sintiendo cuan lejos se va corriendo la frontera de lo posible.

Hay viajes que tienen distancias de años luz en mi vida de no tantos años de vida humana: Recuerdo estar tirado en el living de mi casa esperando que pasen en la radio “ese” tema que tanto me gustaba, con un TDK preparado con play, rec + pause preparado. Grabar el tema y sentir el disfrute de estar apoderándome de una canción de un disco que un niño de 10 años no podía comprar. Juntar diez canciones y armarme “mi” disco…

Mi parte análoga hace que no pueda dejar de amar esto que pasa, cada vez que veo gente generando contenido con herramientas que jamás soñé vuelvo a esas tardes en que me juntaba con mis amigos a grabar cassettes a un departamento en el que tenía pedido el teléfono fijo hacía diez años…

Cómo no me voy a emocionar cuando veo gente de todas las edades actualizando a sus Facebooks en un teléfono arriba de un colectivo?
Mientras escribo pienso que el texto parece un relato de mis abuelos y no carajo, mi generación tiene a todos los tipos que empujaron este cambio.

MI generación, al igual que el gran Hugh en su momento, armó y arma esta “fiestonga” para que disfruten los “chicos”… disfruten, aprendan y compartan.

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