Jekyll, Hyde y la digitalidad. nov29

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Jekyll, Hyde y la digitalidad.

Fernando Barbella (@grizzluza), Director Creativo Ejecutivo de DDB Spain comparte con nosotros un post que publicó hace tiempo en gorditosybonitos.com, es un honor para nosotros que nos haya elegido también como plataforma para compartir sus ideas.

“Ya nada volverá a ser como antes”, “Hay un antes y un después de Internet”, “No hay desconexión posible alguna”, “Es muy diferente a cómo era hace 10 o 12 años”… Y podríamos llenar este párrafo y los dos siguientes de frases (algunas reveladoras, las demás simples reversiones) que venimos escuchando o repitiendo (algunos hace mucho, otros hace menos tiempo) en conversaciones, presentaciones, talleres, seminarios, charlas de café o divagues de after office.

Podríamos pensar en un plano inicial que hablamos de comunicación, de publicidad, de marketing o de periodismo, si fuera el caso. Pero por más que nuestro día a día profesional se desarrolle en alguna de esas áreas y sea con colegas, socios, proveedores o clientes de estos mundillos que tengamos las conversaciones mencionadas antes, estamos hablando de cultura, de ese tejido social que abarca las formas y expresiones de la sociedad en la que vivimos.

 

En su libro “Being Digital” (bestseller en 1996), Nicholas Negroponte abordó, compilando 18 artículos que había publicado hasta el momento en la revista Wired, temas relacionados con la relación que como personas estábamos estableciendo con tecnologías y conceptos emergentes en ese entonces y muy comunes para todos hoy, tales como la realidad virtual, la TV en alta definición, el hypermedia, las interfaces visuales o el reconocimiento de voz (aconsejo ver la tele que tenemos en casa, el reciente Windows 8 o el Siri del iPhone, recordar cómo era nuestro consumo de medios en 1996 y luego pegarle una leída a este libro).

De dicho libro se puede desprender el concepto de “digitalidad“, que es usado para definir la condición de vivir en una cultura digital: vivir en constante contacto con otras personas mediante móviles, instantaneidad de resultados en la búsqueda de información en la web, la categorización de casi todo tipo de datos en su totalidad o en fragmentos y la comunicación interpersonal a través del email o de espacios digitales personales (en su momento mencionaban a los blogs, hoy sería cualquier red social).

Bien, si a esta altura del texto aún estás leyéndolo sea en una pantalla o impreso, gracias desde ya por aportar tu cuota de digitalidad. Volviendo al tema, esta cultura digital transforma y cambia todo aquello que toca (es… ¡viral! Te suena?). Y todo, es TODO: los productos (las zapatillas desde los chips de Nike+ no volvieron a ser las mismas, y es casi impensable un coche que no te ayude a ser conducido a partir de interactuar con una interfaz y con datos varios), los servicios (¿alguien se acuerda lo que era ir a la sucursal del banco para cada trámite, movimiento bancario o transferencia?), las marcas (10 de las 20 marcas con más valor según Interbrand están relacionadas en forma directa o su core business está en el mundo de lo digital) y las personas.

Y ahí es donde quería llegar, aunque me haya tomado cinco párrafos (hey, que para hablar conciso ya tengo Twitter). Las personas somos seres culturales. Nos regimos por una serie de normas, organizaciones, costumbres, lenguajes, valores y símbolos. Y todo ello, más temprano que tarde, también se ve modificado (no echaremos juicio de valor si para bien o para mal, eso ya es parte de otra conversación en todo caso) por la di-gi-ta-li-dad. Y en este grupo gigante que somos las personas se da un fenómeno por lo menos curioso, que he dado en llamar imprudentemente “el Síndrome de Dr. Jekyll y Mr. Hyde“.

“¿Síndrome, síntomas, enfermedad? ¿De qué habla éste?”, dirás. Achiquemos entonces la muestra y volvamos al grupo de observación inicial: los que además de ser “personas” trabajamos en comunicación, publicidad, marketing o periodismo. Encontramos que muchos de nosotros aún no terminamos de asimilar e integrar la digitalidad en su totalidad. Situación típica: alguien que en su casa, con sus amigos, familia y en sus consumos culturales es quizá 100% digital y vive bien con ello, pero que “de 9 a 5″ no logra serlo y tiene que ser un profesional de 1996, como si fuera dos personas dentro del mismo individuo. Y de psiquiatría no entiendo absolutamente nada, pero tener doble personalidad debe ser, además de perturbador, poco sano para uno mismo y para el entorno que lo rodea.

La digitalidad de la que hablamos ya en un plano profesional trae aparejados cambios que se pueden ver en la velocidad en las que se toman las decisiones, en cierta horizontalidad en el orden de las organizaciones de personas, en un tipo de inmediatez que muchas veces se da de narices con procesos burocráticos, en la flexibilidad y adaptabilidad que una persona o un grupo de personas debe tener para abordar problemáticas en plan de ser resueltas, en el uso intenso de herramientas para colaborar, en la capacidad de poder confiar en otros, en bordes no muy nítidos para los conceptos de tiempo y espacio y en una intensificación del sentido de colectividad.

El punto, gente, es que es una verdad innegable. Esto está sucediendo ahora. Y a algunas personas les costará más adaptarse a estos cambios y a otras menos. Y lo mismo con las organizaciones, quienes en mi modesta opinión son las que más difícil la tienen, siempre y cuando no hagan el mismo trabajo de “firma de paz” entre Jekyll y Hyde que muchos profesionales hoy sí están intentando lograr.

Cuesta, claro, y no es algo que suceda de un día para el otro (por ello las frases con la que empezó este texto las habrás escuchado más de una vez y las seguirás escuchando muchas veces más), pero lo bueno es que cuando sucede, uno puede volver a hacer foco en el fondo de las cosas y no tanto en la forma, que, como siempre aunque a velocidades mayores, continuará cambiando.

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